CAMBIOS IMPOSIBLES

Ilusos, necios e idiotas. Sí, todos y cada uno de nosotros. Nosotros y nuestra innata manía de intentar cambiarlo todo y a todos. Esto es el mundo real, amigos míos, aquí nada es de color de rosa sino que nos encontramos una gran gama cromática que por lo general viene encabezada de negros y grises.

El debate por excelencia. Hombres y mujeres, mujeres y hombres. La pregunta que un servidor se hace es: ¿por qué? Las mujeres son mujeres y siempre serán mujeres. Los hombres son hombres y siempre serán hombres. Vale, no he descubierto América. No pretendo patentar la idea, es más, quizás tenga incluso que pagar derechos de autor.

Únicamente pretendo hacer un llamamiento para que paremos. Vosotras, chicas, parad de intentar buscar a alguien que sea ideal o perfecto, esto no es una película de comedia romántica, no existen los príncipes azules. Vosotros, chicos, parad de intentar comprenderlas. No es posible.

Y ahí está la magia, la guinda del pastel, el quid de la cuestión, la solución de la ecuación. Es entonces cuando entra en juego una vez más la tan incontestable pregunta. ¿Por qué? ¿Por qué vamos a acabar con algo tan maravilloso? ¿Por qué nos empeñamos, hombres y mujeres, en cambiar algo que es tan necesario como tener un vaso de agua en la mesilla de noche?

Obsesión. Una terrible obsesión es la que poseemos hoy en día. Una época en la que se intenta agradar, mostrar lo que no somos y cosas por el estilo. Sinceramente, dudo que nadie se sienta orgulloso de haber hecho alguna vez algo así. ¿Por qué? ¿Por qué vamos a cambiar? ¿Por qué pretendemos cambiar a alguien solo por no ser completamente afín a nosotros mismos?

Déjenme que les conteste a todo lo anterior de manera sencilla: es porque por mucho que digamos que nos gusta la espontaneidad en otra persona, odiamos no tener el control sobre la situación, sobre sus comentarios, sobre cómo nos gustaría que fuera en realidad.

Pueden reír a carcajadas o llorar a mares por esa otra persona. Pueden disfrutar de ella, aunque sea durante cinco minutos en un fugaz saludo. Pueden volverse locos al no poder apartarla de su cabeza durante días. Pero nunca permitan cambiar o que les cambien, porque entonces habrán perdido lo más importante, se habrán perdido a sí mismos. No dejen que el amor les haga eso y si alguna vez lo intenta, ábranle la puerta y péguenle una patada en el trasero, aunque les duela más a ustedes darla que a él recibirla.

Solo me queda pedirles una cosa. Les pido, sugiero, aconsejo, solicito, requiero y demando que paren. Porque ellos siempre tendrán sus peñas y ellas siempre se tomarán rápidos los cafés. Lo llevamos dentro, intrínseco, estamos genéticamente diseñados para ello.

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El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es (Jorge Bucay)

Felipe Gómez Rivas.

Imagen: Pinterest

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5 Comments

  1. Sabes que suelo ser muy fan de blog, pero no generalices. No considero que a mi sea defícil de entender, no busco un ideal, también soy capaz de enamorarme de los defectos de una persona, lo que hay que entender es que el amor idílico no existe como tal, que no se puede cabiar a las personas, es mejor aceptarlas como son desde el principio y si decides buscar algo en vez de esperar a que llegue, que sea un compañero/a de batalla, con quien reir, llorar y aguantar el chaparrón.

    1. Como digo en el post, ahí esta la magia: aceptar y amar todas las características buenas y malas de la otra persona. El amor idílico no existe pero tampoco hay que intentar “crearlo” intentando cambiar o corregir a la otra persona.

      Me alegra saber de ti Ariadna. Un besazo!

      PD: me ha encantado la ultima frase de tu comentario.

  2. no se si el post es pensando en alguien, pero ese alguien como lo describes, está destinado a estar solo por exigente y solo se quiere él

  3. Estoy de acuerdo con la idea inicial de que no tenemos que cambiar al otro, pero no creo que la razón sea porque es del otro sexo (supuesto que se trate de una pareja hetero), sino en todo caso por respetar su libertad. http://codigonuevo.com/necesitas-aceptar-que-no-cambiara/

    No creo que sea algo intrínseco ni estrictamente asociado al género el tomar los cafés rápidos o hacer peñas. Aplaudo al que se lo pasa bien a su gusto, con cafés express o lentos, pero me parece un simplismo asociarlo al género. Creo más en que cada uno, sexo aparte, haga lo que le dé felicidad, sin que actúe para agradar a otros.

    Y no, no se es hombre o mujer para siempre. Más allá de operaciones de sexo, donde no voy a entrar, desde el punto de vista de lo que rige por naturaleza, animales como el pez payaso o la estrella de mar cambian de sexo a lo largo de su vida. Si alguien prefiere remitirse al alma, diré además que la mayoría de creencias religiosas consideran que el alma no tiene sexo.

    En fin, he desembocado por casualidad en este espacio y no era mi intención sabotear, sino más bien hacer reflexionar y poner en duda un planteamiento que a mi modo de ver nos limita, para proponer otro más amplio de miras, más rico y más abierto.

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