LOS BUENOS NO CABALGAN SOLOS

No sé si usted tendrá uno, varios o tal vez ninguno. Si es usted el pequeño, el mediano o el mayor. Por supuesto, también desconozco si en su caso particular son todos hombres, mujeres o si hay de ambos sexos. Sin embargo, lo que sí sé es que compartirá conmigo un concepto muy sencillo: los hermanos son esos compañeros aventureros con los que compartimos nuestra vida desde el preciso momento en que los vemos por primera vez.

Recordamos a nuestros hermanos o hermanas y nos invade una sensación inabarcable de cariño, afecto, admiración e innumerables calificativos más. Sin embargo, como en cualquier relación de infancia compartida que se precie, también han tenido lugar tremendas batallas de reproches y gritos que derivaban en el mayor de los enfados y que acababan con la clásica frase de “ahora se lo digo a mamá”. Lo mejor de toda esta situación es que la disputa se habría originado por la razón más estúpida e insignificante y que, transcurridos menos de diez minutos de la trifulca, ya volvería usted a reírse con su hermano como si nada. Nunca existirá una “pelea” con mejor final que la originada entre hermanos.

En relación a esta idea, ni que decir tiene que un hermano es sagrado y, por consiguiente, no se le puede tocar. Es aquí cuando entran en juego los hermanos mayores con su papel de guardaespaldas y protectores supremos, con los que el hermano pequeño se siente más que seguro en su primer día de colegio o jugando en la calle o en cualquier plazoleta. Pero claro está, los hermanos mayores también nos hemos aprovechado de los pequeños de la casa, sabiendo que ellos nos seguían a todos lados y querían hacer lo mismo que nosotros. Es entonces cuando entraba en escena nuestro padre o nuestra madre y decía aquello de “pórtate bien con tu hermano que él te tiene como referente”.

Harían falta muchos folios y más palabras aún para escribir todo lo que un hermano siente hacia otro. Cualquier ejemplo que contara acerca de una aventura compartida con un hermano se quedaría corto. Sin embargo, basta con echar la vista atrás, con recordar cuando jugaba de pequeño, la primera vez que se hizo daño y solo estabas tú para protegerlo, los veranos en playas o piscinas, la primera copa o cerveza que compartisteis. Basta con recordar todo lo vivido para sonreír y darte cuenta de la suerte de tenerlo.

Querido lector, habrá quien piense que es mejor cabalgar solo en esta vida. Sinceramente, un servidor le diría que no tiene ni la más remota idea de lo que está hablando. Siempre necesitaremos a alguien a nuestro lado y, si no es su caso, tiene usted un problema, amigo mío. Puede que quien piense de esta forma, posea la mejor de las monturas para cabalgar, que no deba rendir cuentas a nadie y cosas por el estilo, pero yo siempre he preferido tener una montura mediocre y disfrutar del mejor compañero de aventuras con el que cabalgar en la vida: mi hermano pequeño.

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 Tener un hermano es como tener un mejor amigo del que no puedes deshacerte, hagas lo que hagas, estará ahí. (Anónimo)

Felipe Gómez Rivas.

Imagen: Pinterest

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11 Comments

  1. Satisface comprobar que los hijos han retenido valores que los padres han ido inculcando desde pequeños como puede ser el amor a la familia y la unión entre hermanos pues, aunque llevéis caminos diferentes y esteis muy lejos uno del otro, siempre os tendréis.

    Bonita reflexión.

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