BUENOS DÍAS…

El chirriante ruido del despertador le incomoda. Son las siete y media de la mañana de un lunes como otro cualquiera. Se despierta a duras penas, entre abriendo los ojos, cegado por la tenue luz que abriéndose paso por la ventana ilumina a medias la habitación. Está cansado y lo último que le apetece es levantarse de la cama.

De repente, con un movimiento brusco y fugaz la fina sabana que le cubría desaparece hacia el lado izquierdo. Ahí está Ella. No puede evitar sonreír cariñosamente ante esa manía suya de adueñarse de la ropa de cama ante el más mínimo atisbo de debilidad. No hay nada que hacer. Resignado y tras unos minutos de profunda vagueza, decide levantarse de la cama y ponerse en marcha. Camina hacia la cocina, está hambriento y necesita su café matinal. Prepara unas tostadas, doradas, como a Él le gustan. Mientras desayuna, observa la cocina en silencio, es consciente de que de no ser por Ella y por su irremediable manía de limpieza y orden, esa misma cocina presentaría un aspecto muy distinto, aunque no demasiado desastroso. Una vez más sonríe.

En la ducha, el agua fría lo ayuda a despertarse del todo. Nunca le ha gustado demasiado que acaparen su espacio, pero sin embargo, allí está la prueba de que algo ha cambiado en Él. Miles de pequeños botecitos de cremas inundan por completo el armarito del cuarto de baño. Cuando la conoció, sabía que se cuidaba bastante, aunque nunca imaginó toda aquella situación.

Haciendo gala de un tremendo sigilo entra en la habitación. Abre con cuidado el armario. Elige una americana azul marino, una camisa blanca y un pantalón camel. Se viste deprisa, el tiempo se le ha echado encima y va a llegar tarde al trabajo. Antes de salir de la habitación no puede evitar mirarla una vez más. Está destapada. Él  se acerca a cubrirla con la sabana, es entonces cuando ve en su espalda ese pequeño tatuaje árabe que tanto odia, aunque reconoce que a Ella le queda realmente bien. Cierra el libro de poesía que se encuentra en la mesita de noche, Él siempre ha sido más de números, pero le encanta llegar del trabajo y encontrarla leyendo alguno de sus libros sentada en el sofá del salón.

Finalmente, sale de casa. Llega al trabajo media hora tarde lo que le ocasiona una pequeña reprimenda de su jefe. Pasa la primera hora y media completamente concentrado en su trabajo. Sin embargo, tras pasar dos horas de su llegada, un sonido lo desconcentra. Acaba de recibir un Whatsapp: “Buenos días… rubio”. El mensaje viene acompañado de un par de sus correspondientes y típicos emoticonos. Ella sabe que no le gustan nada y por eso mismo los añade. Vuelve al trabajo pensando en todas aquellas pequeñas diferencias existentes entre ambos. Sin embargo, es consciente de que son esas mismas diferencias las que la hacen terrible e irresistiblemente especial.

Una vez más, vuelve a sonreír.

cama

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta (Sam Keen)

Felipe Gómez Rivas.

Imagen: Pinterest

Anuncios

9 Comments

  1. Muy bonito, las palabras muy cuidadas, con una buena reflexión final que muchos podríamos aplica a nuestra vida.

  2. Genial me gusta…. Sigue así!!! Sin querer me encontré este blog y ya me leí todos los post. Directo a la pestaña de favoritos :).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s